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martes, 31 de enero de 2012

Amaneciendo

Serían las 06:00 AM. Por suerte el metro acaba de abrir, iba vacío. Se quedo dormido tumbado sobre los asientos hasta que un grupo de jóvenes escandalosos entró.-  <<¡Mierda, es mi parada!>> Se bajó apresuradamente del metro olvidando que había dejado el abrigo en uno de los asientos.

No se dio cuenta de su pérdida hasta que no subió las escaleras del metro que daban a la calle, sintió el frío invernal calándole los huesos. Miró a su alrededor esperando en vano que el abrigo estuviera por ahí. Así que hizo lo que mejor se le daba, correr. No había más de veinte minutos andando del metro la casa donde se alojaba con unos compañeros de piso, pero él calculó que ese día hizo el trayecto en menos de 6 minutos.

Afortunadamente no llevaba nada en el abrigo excepto su paquete de Lucky. Cogió las llaves del bolsillo del pantalón y se dispuso a abrir.La casa estaba totalmente destrozada, en el salón dormían un grupo de gente a quien él jamás había visto antes, montones de litronas y alcohol derramado llenaban el suelo. Fue a la cocina en busca de agua, tampoco ésta se había salvado. Había un montón de comida tirada, restos de pizza y colillas esparcidas por el suelo de la cocina.

Entonces el miedo le invadió, fue corriendo hacia el final del pasillo a la puerta donde se encontraba su habitación, estaba cerrada pero no sabía si eso era una buena o mala señal. La abrió de golpe y sus peores temores fueron cumplidos. Una pareja dormía en su cama, debajo de la colcha, se imaginó que estaban desnudos por la cantidad de ropa que había en el suelo que no era suya. Sintió ganas de tirarles de su cama y echarles a patadas, pero la culpa no era de ellos.

Salió de la habitación dando un portazo y se dirigió a la habitación de al lado.

-¡ Eres un hijo de la gran puta!- Gritó zarandeando a su compañero, que dormía profundamente. Éste apenas se inmutó, hizo una mueca y se dio la vuelta dándole la espalda. <> Fue a la cocina a por una botella de agua, y cuando volvió se la vertió sobre la cabeza. 

- ¡¡ Pero qué coño haces!!- Se levantó como si fuera a envestirle, pero unos segundos más tarde se relajó y miró a su alrededor como si buscara algo o a alguien.

- Dime por qué hay una puta pareja en mi cama. Dime por qué ha desaparecido la compra que hice ayer que TÚ no podías pagar. ¡Explícamelo!

- Vale, está bien Héctor tranquilo. Ayer llamé a unos amigos y se me fue un poco de las manos, eso es todo... No es para tanto tío, duerme aquí si quieres y mañana será otro día, ¿Vale?.

Héctor cerró los ojos y respiró, quería matarle, quería estrangularme con sus propias manos, hacer que sintiera el dolor que parecía que nunca podía sentir. De pronto se acordó del dinero. Salió corriendo de nuevo a su habitación abriendo el segundo cajón del armario. Cogió un par de calcetines amarillos y metió la mano dentro, suspiró aliviado. El dinero estaba allí, íntegro.

Acto seguido cogió una maleta de debajo de la cama y empezó a meter su ropa, algún que otro libro y productos de higiene. Ya iría otro día a por el resto de sus cosas. La pregunta era dónde iba a ir ahora.


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