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martes, 19 de julio de 2011

Vivimos en una constante hipótesis contrafactual...

He vuelto y no se muy bien para qué o por qué me molesto en volver. Se que cada vez me expreso peor, y lo peor es que cada vez pienso menos, siento menos... llegará el día en el que ni siquiera pueda escribir como me sienta porque directamente no sienta (y lo mío no escribir ciencia ficción, lo intenté hace años pero creo que mi imaginación era demasiado desbordante...).

El tema de hoy, queridos lectores invisibles, es el de la absurda manía humana de pensar en el pasado. Desde pequeños nos hacen aprendernos nombres, fechas y acontecimientos de nuestro pasado desde aquellos neardentales hasta los actuales neardentales, es decir, nosotros.

¿Para qué sirve memorizar todo eso desde los seis años? Supongo que la mayoría de los datos no sirven para nada porque gracias a nuestra memoria selectiva siempre nos quedamos con lo más irrelevante, aquel detalle insignificante que explicó el profesor en la clase. Por ejemplo yo no me acuerdo de nada de lo que di en Historia del instituto, pero sin embargo no puedo olvidar detalles como que en la antigüedad las mujeres daban a luz de pie agarrándose a los árboles. Nunca se me olvidan detalles como esos.

Realmente es difícil decidir si la Historia con Mayúsculas sirve o no para algo útil en la vida, pero desde mi perspectiva, sirve al menos para saber que existe algo antes de nuestra historia, y que las cosas no suceden por arte de magia... o sí, pero eso es otro tema independiente.

Historia es todo lo que sucede antes del día en el que vivimos, lo que sucedió ayer mismo día 18 de julio de 2011 también podría ser considerado historia... por qué no. Ahora bien, la mente humana que es retorcida hasta más no poder se empeña en pensar en eso que mencionó mi profesor en el primer año de facultad y que muchos eruditos se empeñan en llamar "hipótesis contrafactual". Esta palabra tan barroca, si me lo permitís, viene a comprender el mecanismo de la mente humana en toda su totalidad... y está estrechísimamente relacionada con el pasado.

Viene a significar que si se hubiera alterado algún acontecimiento o variable del pasado, los hechos hubieran sido diametralmente opuestos. Pero no sólo se debe aplicar únicamente al ámbito histórico, sino también a todos los hechos de nuestra vida.

¿Quién no se ha parado nunca a pensar en esto? Si no hubiera hecho tal cosa... hubiera ocurrido lo otro. Un factor altera otro factor y este último a otro, y así nos encontramos con una cadena y la mente humana siempre trata de responsabilizar al "motor", a la causa última (como diría Santo Tomás).

Los que se oponen a esta dificultosa, pero no ilógica teoría, añaden sin remordimiento alguno que nada de esto es cierto porque todo está escrito en el destino y la causas de los acontecimientos son, siguiendo la lógica, vías arbitrarias para llegar al destino deseado. Es decir, si no hubieras perdido el autobús aquella mañana algo te habría pasado para llegar tarde a esa entrevista de trabajo porque tu destino no era trabajar en esa empresa... Tal vez ese sólo sea un modo ridículo (con todos mis respetos) de justificar una consecuencia negativa de una acción que, tal vez podríamos haber desempeñado mejor.

Sin embargo si no estamos implicados ( todos los sujetos en general) en la acción-causa nunca se toma la vía del destino. Si uno de nuestros familiares muere repentinamente en un accidente de tráfico nunca se nos ocurriría pensar que si hubiera cogido el autobús no le hubiera pasado lo mismo porque era su destino. En este caso se ve como una tragedia fatal que nada ni nadie pudo remediar y ante la cual solo se puede hacer una cosa, bueno dos, resignarse y llorar.