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domingo, 29 de mayo de 2011

Quien bien te quiere... te hará llorar.

No puedo quitarme de la cabeza el repertorio de refranes que suele decir mi madre, tiene remedios y dichos para todo... pero este en especial me impactó la primera vez que me lo dijo. No recuerdo en qué contexto fue pero sí logro recordar mi escepticismo.

¿O acaso no deja de ser paradójica la afirmación de que la persona que te quiera, te hará sufrir necesariamente? No dejo de preguntarme si es que tenemos idealizado el amor o el drama. ¿No se puede desligar el amor de verdad del sufrimiento? ¿Y por qué van unidos?

Parece que las relaciones tienen que pasar por ese "nudo" que con tanta insistencia nos muestran en la literatura y el cine para después llegar al desenlace feliz. ¿Y sin ese nudo no hay final feliz? Parece tan absurdo el sentir la necesidad de sufrir para después alcanzar la felicidad... parece que las relaciones que han tenido drama con anterioridad se revalorizan, valen más. Y las relaciones que van bien desde un primer momento son tachadas de simples o incompletas. ¿En qué sociedad vivimos?

Tal vez el refrán se refiera a que nunca lloraríamos por una persona que no fuera significativa para nosotros. "Quien bien te quiere, te hará llorar". Hay una clausura implícita poco alentadora: el amor implica dolor. Mi gran pregunta es ¿ Puede haber verdadero amor sin dolor, sin drama?

Sinceramente, he acabado llorando por todas las personas que he amado de verdad, pero también he reído y quizá muchísimas veces más de las que he llorado.

El amor no es sólo llanto, no son sólo rupturas o declaraciones apasionadas. El amor son detalles, gestos, palabras. El amor no se cansa, no conoce límites, no conoce el amor propio en muchas ocasiones, no sabe lo que es el engaño.

Quizá el drama sea sólo un ingrediente más que Hollywood ha querido explotar para causar un mayor sensacionalismo...

Por eso creo que el refrán debería de cambiarse, porque en realidad es algo así como: Quien bien te quiere, te hará vivir.

lunes, 16 de mayo de 2011

Expectativas

Como dicen los sociólogos, en la vida cada persona adopta una serie de roles. Cada rol tiene unas características propias y nadie tiene un único rol. Una persona puede ser padre, amigo, empleado, marido y cliente todo en un mismo día.

Lo asombroso de todo ello es que no actuamos como en una obra de teatro, no tenemos que pensar casi nunca cómo actuar porque lo llevamos implícito en nuestro comportamiento social: Un padre cuida, un amigo escucha, un empleado trabaja, un marido ama... Pero, ¿Es posible que siempre sea así, o es que vivimos en una sociedad fundamentada en las expectativas?

Cuando nos gusta alguien esperamos que suceda algo, que esa persona nos llame o se interese, y de una manera u otra establecemos las pautas de comportamiento que esa persona debería tener para llenarnos. Cuando discutimos con alguien que nos importa y creemos que tenemos la razón esperamos que esa persona nos muestre su arrepentimiento... esperamos la reacción perfecta de la persona perfecta en todos los roles posibles.

Tratándose de relaciones la cosa empeora aún más: esperamos que una persona adivine cuales son nuestras pautas perfectas para el rol en cuestión y las cumpla al pie de la letra. Esperamos la bondad absoluta de la otra persona, no cabe la posibilidad de que pensemos en la persona con la que deseamos compartir nuestra como alguien con maldad, que no haría cualquier cosa por nosotros.

No podemos o no queremos ver el lado humano, tendemos a esa absurda idealización que hace que no podamos comprender que todo es una mera expectativa. Y cuando nos damos cuenta nos sentimos decepcionados, abrumados. Pero, pensemos un momento en nosotros mismo y en todos los pensamientos malos y acciones egoístas que hemos realizado con la otra persona. ¿acaso no esperaba esa persona lo mismo de nosotros? ¿no somos una expectativa también? ¿Debemos actuar siendo nosotros mismos o está bien configurar unas pautas que respondan a las expectativas de los demás?.