Llamó al timbre, nervioso, el corazón le iba a mil por hora. Nadie abrió. Volvió a llamar, esta vez con más insistencia. Una chica alta, de pelo largo y rubio abrió la puerta. Llevaba puesta sólo una camisa que dejaba ver su ropa interior. Estaba descalza.
- Héctor, ¿qué haces aquí?- Su voz denotaba nerviosismo e impaciencia.
- Me he ido del piso Paloma, ya no podía más. No tengo donde quedarme, déjame quedarme aquí hoy por favor.
- ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?
- Eso da igual, tú sólo déjame quedarme por favor...¿Aún somos amigos, no? Los amigos hacen esas cosas.
- Tu y yo no podremos ser amigos en la vida... Además que siempre estás igual, estoy harta de que siempre vengas con problemas. Madura ya Héctor que no tienes quince años.
- Veo que no piensas dejar que me quede se atrevió a murmurar.
Ella le miró con condescendencia, pero no se apartó de la puerta. Él intentó ver el interior piso y entonces lo comprendió, había platos sucios dispuestos en la mesa del comedor y alcanzó a ver unas zapatillas (claramente de chico) a los pies del sofá.
- No estás sola- Afirmó en voz alta, aunque en realidad lo decía para él mismo.
- No... Lo siento Héctor pero aquí no te puedes quedar... Pero te puedo dar el número de un amigo que está buscando compañero de piso... Está un poco retirado del centro pero es barato.- Fue al recibidor y anotó en un papel un número de teléfono. - Se llama Javi, dile que vas de mi parte.
Héctor cogió el papel y,sin decir una palabra, se dio la vuelta y se marchó. Tiró el papel en el portal y se fue en busca de un supermercado o algún sitio donde vendieran algo de alcohol, necesita beber y olvidarse de todo.
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