El amor es como un buen libro. Intenso, apasionante, adictivo, esperanzador...
Entramos en una librería y nos fijamos en un libro en especial por algún detalle pequeño, la portada, el formato, el título... Un mínimo detalle que enciende la curiosidad en tu interior y hace que te acerques a él. Lo mismo pasa con el amor.
Comenzamos a leer asumiendo que, si no nos engancha, dejaremos la lectura apartada en cualquier momento. Lo mismo pasa con el amor.
Pero si el libro nos gusta realmente, nos atrapa. El libro te engancha, hace que cada página sea un regalo. Pierdes la noción del tiempo, te sumerges en otro mundo.
Lo mismo pasa con el amor.
Sin embargo, por mucho que desees que la historia no tenga fin, una vez vas acercándote a los últimos capítulos empieza a recorrerte una sensación de tristeza. Sabes que en algún momento se terminará, y que todo habrá quedado en una historia bonita. Y no por ello dejas de pasar las páginas, sabes que has de llegar al final para poder cerrar el libro.
Lo mismo pasa con el amor.
Pero bueno, también están las sagas... Segundas y terceras partes... Que generalmente nunca superan al primer tomo. Historias interminables que, si no se saben llevar bien, pueden acabar desgastando al lector.
Lo mismo pasa en el amor.
Eso sí, no dejes de leer.
jueves, 16 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Mensaje para el yo futuro
Querido yo futuro:
Sea cuál sea el momento por el que estás pasando ahora mismo, no desesperes.
La vida te ha hecho ser una persona fuerte, valiente y capaz de afrontar que todas las cosas que hasta hoy considerabas imprescindibles, se vayan.
Con esto no quiero decir que no debas volver a vincularte emocionalmente nunca más... Te has demostrado a ti misma una y otra vez que, por más palos que te den, sigues creyendo. Y esa es tu esencia: No dejes de creer que puede ser posible.
No te voy a pedir que a las alturas en las que estés tengas el trabajo de tu vida (tu y yo sabemos cuál es), ni a la persona de tu vida (que aún no has conocido, ¿O sí?). Te voy a pedir algo mucho más difícil: No te rindas. No desesperes, no dejes que la soledad guíe tus actos. Demuestra que eres esa persona de la que estoy tan orgullosa. Jamás te avergüences de quién eres o de dónde vienes. ¡Hazte valer! Porque vales, y lo sabes. Y no necesitas el reconocimiento de nadie.
Pero no te alejes del camino que un día alguien te enseñó... Recuerda que ser buena y no cansarte nunca de creer en la gente, y de perdonar, y de dar el primer paso, no es lo mismo que infravalorarte. Todo lo contrario: es precisamente con esos gestos con los que te demuestras a ti misma quién eres, y las decepciones son menos decepciones cuando entiendes que no se puede juzgar a la ligera, que cada persona es un "yo" y sus circunstancias, que si alguien se aleja de tu vida es porque no tiene que estar en el camino. Y si vuelve, bienvenido sea, haya hecho lo que haya hecho.
Ójala nunca hicieras daño a nadie, pero es algo que yo no he logrado hasta ahora, y no te lo voy a exigir a ti. Sólo espero, bueno no, más bien exijo, que en tal caso hagas lo necesario para enmendar tus errores. No puedes caer en el vacío, ni hacer de la indiferencia o "justicia" tu doctrina. Habrá cosas que no serán justas, y entonces cuando las hayas asumido con tu mejor voluntad, habrás dado una lección de madurez una vez más.
No he llegado hasta este punto para que ahora lo eches todo a perder. Vive tu vida con la mayor plenitud posible y recuerda:
Nada es para siempre y nada es el fin del mundo salvo la muerte.
Sea cuál sea el momento por el que estás pasando ahora mismo, no desesperes.
La vida te ha hecho ser una persona fuerte, valiente y capaz de afrontar que todas las cosas que hasta hoy considerabas imprescindibles, se vayan.
Con esto no quiero decir que no debas volver a vincularte emocionalmente nunca más... Te has demostrado a ti misma una y otra vez que, por más palos que te den, sigues creyendo. Y esa es tu esencia: No dejes de creer que puede ser posible.
No te voy a pedir que a las alturas en las que estés tengas el trabajo de tu vida (tu y yo sabemos cuál es), ni a la persona de tu vida (que aún no has conocido, ¿O sí?). Te voy a pedir algo mucho más difícil: No te rindas. No desesperes, no dejes que la soledad guíe tus actos. Demuestra que eres esa persona de la que estoy tan orgullosa. Jamás te avergüences de quién eres o de dónde vienes. ¡Hazte valer! Porque vales, y lo sabes. Y no necesitas el reconocimiento de nadie.
Pero no te alejes del camino que un día alguien te enseñó... Recuerda que ser buena y no cansarte nunca de creer en la gente, y de perdonar, y de dar el primer paso, no es lo mismo que infravalorarte. Todo lo contrario: es precisamente con esos gestos con los que te demuestras a ti misma quién eres, y las decepciones son menos decepciones cuando entiendes que no se puede juzgar a la ligera, que cada persona es un "yo" y sus circunstancias, que si alguien se aleja de tu vida es porque no tiene que estar en el camino. Y si vuelve, bienvenido sea, haya hecho lo que haya hecho.
Ójala nunca hicieras daño a nadie, pero es algo que yo no he logrado hasta ahora, y no te lo voy a exigir a ti. Sólo espero, bueno no, más bien exijo, que en tal caso hagas lo necesario para enmendar tus errores. No puedes caer en el vacío, ni hacer de la indiferencia o "justicia" tu doctrina. Habrá cosas que no serán justas, y entonces cuando las hayas asumido con tu mejor voluntad, habrás dado una lección de madurez una vez más.
No he llegado hasta este punto para que ahora lo eches todo a perder. Vive tu vida con la mayor plenitud posible y recuerda:
Nada es para siempre y nada es el fin del mundo salvo la muerte.
domingo, 12 de mayo de 2013
Acabo de despertar
Acabo de comprender algo... Ya se por qué no soy como tú. La teoría de la excelencia me la se, y estoy de acuerdo con ella. Sin embargo, hay algo que me falta: VALOR.
El miedo a la soledad, la necesidad de una constante aprobación y el relativismo ( o pereza intelectual) me han llevado a cometer terribles errores... Uno de los más terribles fue creer que podía controlarlo todo, hasta mi propia felicidad. Pensé que podría hacer la vista gorda, perdonando las carencias que antes eran mi razón de ser y de querer.
Se que ya no viene a cuento, pero quería decírtelo. O decírmelo a mí misma.
¡Dios, qué ignorante! ¡Qué ilusa! Pero sobre todo, ¡Qué mediocre! Me he dejado llevar por la comodidad, por la sensación de calidez. Aquello que era únicamente lo que tú no me podías dar. ¡Hasta llegué a pensar que lo tenía todo!
Pero el destino, otra vez, pone sabiamente a cada uno en su lugar: A ti lejos de mí. A mí lejos de la mediocridad.
El miedo a la soledad, la necesidad de una constante aprobación y el relativismo ( o pereza intelectual) me han llevado a cometer terribles errores... Uno de los más terribles fue creer que podía controlarlo todo, hasta mi propia felicidad. Pensé que podría hacer la vista gorda, perdonando las carencias que antes eran mi razón de ser y de querer.
Se que ya no viene a cuento, pero quería decírtelo. O decírmelo a mí misma.
¡Dios, qué ignorante! ¡Qué ilusa! Pero sobre todo, ¡Qué mediocre! Me he dejado llevar por la comodidad, por la sensación de calidez. Aquello que era únicamente lo que tú no me podías dar. ¡Hasta llegué a pensar que lo tenía todo!
Pero el destino, otra vez, pone sabiamente a cada uno en su lugar: A ti lejos de mí. A mí lejos de la mediocridad.
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