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jueves, 1 de marzo de 2012

Flashback 2

No es que no le gustase la idea de que alguien pudiese quererle, amarle sin condiciones y ser su compañera de viaje... Es que simplemente no podía creer en el amor. Para él el amor era lo más mediocre e hipócrita que teníamos los humanos. No era más que el acto banal de una persona que decide acercarse a otra por diversos intereses, y otra que se deja de forma pasiva, resignada e intentando convencerse de unos sentimientos recíprocos que no son más que artificios a consecuencia de una pobre iniciativa.

¿Cómo podría él creer en algo tan incoherente, pobre y prefabricado? Sabía que la gente acababa sucumbiendo a esta mediocridad por una necesidad social, para evitar la soledad. Incluso él había sentido alguna vez esa necesidad, pero finalmente la repulsión era más fuerte que el miedo a la soledad.

Aunque él mismo tenía interés por alguien... pero sabía que eso no era más que un mecanismo de su cerebro para manipularle. Paloma era un chica atractiva, de esas que ves por la calle y no te llaman especialmente la atención pero que, cuanto más la miras, mas te gusta. Quizá por su sonrisa, por su rostro angelical, su pelo rubio o sus preciosos ojos color miel.

 Habían ido juntos al instituto, sus padres le habían obligado a ir a un instituto privado religioso, que más que un instituto parecía una verdadera cárcel. Iban a la misma clase y él ya se había fijado en ella pero su novio mas que un novio parecía una pegatina, no la dejaba ni ir al baño sola.

Cuando acabaron el instituto, ella entró en la universidad para estudiar Derecho. Terminó con su novio. En realidad ella ya lo tenía todo planeado, no quería acabar con su novio de instituto, más bien lo que quería era un novio para cada etapa estudiantil. Ella representaba todo lo que Héctor odiaba, utilizaba a los hombres para conseguir la vida mediocre que satisfacía sus necesidades, pero no lo hacía de un modo transparente y sincero sino desde un victimismo y una falsa debilidad que le provocaban náuseas.

Aún así, aquella chica le gustaba. Era como un imán. Por las noches siempre pensaba en ella, y hasta había tenido numerosos sueños eróticos en los que ella le dominaba. Aunque el jamás mostró el menor interés por aquella chica, inevitablemente ella lo notó. Héctor suponía que era por eso por lo que se pavoneaba tanto delante de su pupitre para que él la viera.

En la fiesta de graduación del último curso, ella ya lo había dejado con su pegatina. Llevaba un vestido fucsia muy corto y unos tacones muy largos, se había soltado el pelo (nunca llevaba el pelo suelto, siempre se lo recogía con una cola de caballo muy alta) y se había pintado los labios de un rosa muy chillón.

Estaba increíble, la chica más sexy de la graduación después de Debora- hombres: una chica repetidora para que ir a clase era sinónimo de irse al Fabrik de fiesta, siempre venía maquillada como una puerta, y el uniforme horrendo del reglamento del instituto ella lo convertía en la mismísima representación de un vídeo porno de colegialas calientes. Para desgracia de los tíos, era lesbiana. Aunque eso no hacía que dejase de ser el sueño erótico del instituto entero, todo lo contrario, hasta había conseguido llevarse a su "terreno" a más de una.

La graduación fue muy emotiva para todos, menos para Héctor. Odiaba ese instituto y no le daba ninguna pena olvidar a todos los niños pijos y profesores remilgados que había conocido allí. Apenas había entablado relación con nadie, excepto con Kevin, un chico de Colombia con el iba a fumar en los descansos.

Después de la cena, fueron a una sala de fiesta que tenían reservada sólo para ellos. A las tres horas aquello parecía una jauría, un grupito de cotorras de su clase iban de un lado para otro. Una de ellas lloraba y su séquito intentaba consolarla. Luego entendió por qué, el novio de una estaba comiéndole la boca a una chica que yo no había visto en mi vida.

Kevin y él se sirvieron varias copas acaparados en una esquina, mirando a su alrededor y fumando sin parar. Lo mejor de la noche fue el momento en el que Ana, la profesora de filosofía, fue paseándose por el local completamente borracha y agarrada del brazo de uno de sus alumnos, al que en un momento de distracción, besó en la boca.

No es que la fiesta incluyera a los profesores, es que Ana era una profesora muy joven y moderna y no pudo resistirse a la fiesta. Por supuesto cuando Héctor volvió a preguntar por ella ya la habían despedido.

Cuando había decidido que había llegado su límite de alcohol por esa noche, decidió irse. Salió de allí y se encaminé a una parada de taxi. Y allí estaba ella, Paloma, helada de frío, encogiéndose y mirando su móvil.Se acercó a ella sin decir una palabra.

- Hola Héctor- Era la primera vez que le hablaba.
- Hola.
- ¿Ya te vas?
- Si- No se le ocurría nada más ingenioso que decirle.
- ¿Compartimos taxi?
- Seguro que no vivimos en la misma zona...
Ella sonrió con picardía

- Eso tiene fácil arreglo, acompáñame a la mía- No se lo podía creer, Paloma le estaba invitando a su casa.
- Estás borracha,
- Claro que no, sólo un poco mareada. Estoy sola en casa casi siempre, y no quiero irme sola. Anda ven conmigo, se que te gusto desde hace mucho.

Subieron al taxi, ella dijo una dirección larguísima que tuvo que repetir para que el taxista lo entendiera. Cuando llevaban menos de cinco minutos en el taxi, Paloma le cogió la mano. Entonces Héctor se acercó y le dio un beso en los labios. La boca no le sabía demasiado bien pero eso a él le daba igual, en seguida se encendió y empezó a acariciarle las piernas, ella se removía en el asiento. Subió la mano por debajo del vestido y pudo tocar su ropa interior.

- ¡Bájate del taxi!- Gritó ella con voz chillona.
- ¿Qué?
- He dicho que te bajes, ¡Ahora!

El taxi se detuvo y Héctor se bajó sin distinguir donde estaba. No pudo evitar sonreir, aquella chica tenía carácter.



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