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jueves, 8 de marzo de 2012

Flasback 3

Lo bueno de estar en colegio privado era que se gastaban mucho dinero para todo, así que al lunes siguiente después de la fiesta de graduación les dieron un anuario, que más que un anuario parecía un libro de gráficas profesional. Héctor no quería el estúpido anuario, ese invento absurdo de los yankees para que los roles sociales no queden en el olvido y permanezca la humillación y el éxito para la posteridad. 

Iba a tirarlo a la basura, pero de pronto se dio cuenta de que al lado de las fotos de cada alumno venía un número de contacto. Así que para eso había ido la jefa de estudios (una señora gorda que olía a ajo) comprobando que no hubieran cambio de número. Por supuesto Héctor cambió, tres veces para ser exactos, pero no lo dijo. 

El hecho de que estuvieran los números de todos los alumnos significaba una cosa, el de Paloma también estaba allí. Pasó las páginas con rapidez y la encontró. Allí estaba ella, con su cara angelical y una sonrisa casi perfecta. Arrancó la página y luego tiró el anuario. 

Estuvo tentado a llamarla en varias ocasiones, pero siempre en el momento de marcar los números se sentía estúpido y se retractaba criticándose a sí mismo por esa actitud tan predecible. Al final optó por una opción mucho menos personal. Escribió un mensaje de texto: "¿Vas a volver a echarme de un taxi? Prometo no tocarte, Héctor".

No obtuvo respuesta, ni al día siguiente, ni al otro. Desistió a la idea de que ella pudiera sentir el más mínimo interés en usarle a él para su beneficio, lo cual por otro lado le alegró, a lo mejor eso significaba que él no era lo suficientemente mediocre como para adaptarse a los ideales sin sentido de ella. 

Cuando casi se había olvidado del tema, un sábado por la noche le llegó un mensaje de texto. Una dirección, y un simple "ven". Por supuesto la dirección era la casa de Paloma sin lugar a dudas, lo sabía porque alguna vez le había escuchado hablar de lo largo que se le hacía el viaje hasta su zona residencial. 

Su casa estaba muy lejos del centro, a las afueras de la ciudad de Madrid. Eso implicaría más de una hora en transporte para Héctor. Estaba indeciso ¿Por qué querría que fuese hasta su casa a las nueve de la noche? La intriga pudo más que cualquier otra cosa.

Cuando llegó allí tuvo que llamar unas tres veces a distintos telefonillos que le daban acceso a distintas zonas  de la zona residencial donde vivía Paloma. Finalmente logró entrar. Y allí estaba ella, esperándole en la puerta, con una mano en la cintura y una sonrisa de aprobación. Él se acercó y la miró con intriga.

- Ya estoy aquí, ahora puedes decirme por qué me has hecho venir. 
- Pasa

Pasaron a un recibidor bastante grande desde el que se podía ver el salón. En realidad Héctor se había imaginado una casa mucho más grande, aunque estaba muy bien decorada. Paloma le indicó que una puerta, era una sala de estar muy acogedora, con sillones de cuero. 

-¿ Quieres una copa?
- Claro
- ¿Qué bebes?
- De todo. ¿Pero tienes whisky?
- Sí claro, es lo único que bebe mi padre.

Le sirvió una copa y se sentaron juntos en uno de los sillones, muy cerca. Bebieron, hablaron. De pronto a Héctor le fascinó la capacidad que tenía esa chica para envolver a la gente que estaba a su alrededor, ya no consideraba mediocres a los chicos que habían estado o pretendido estar con ella, eran víctimas inocentes. Su presencia era embriagadora, el modo en que le miraba a los ojos conseguía lo que nadie antes había conseguido, ponerle nervioso.

Cuando él estaba contando su odio hacia los perros, Paloma rió, se acercó más a él y le besó. Héctor le devolvió un beso muy cálido. 

- Quiero que vengas commigo a mi cuarto.

A Héctor se le aceleró el corazón, aquello estaba pasando de verdad. No podía pensar en ese momento en si lo que estaba haciendo era predecible, mediocre o sin fundamento. Ella estaba allí y le deseaba. Ya podía notar la reacción ante ese pensamiento en sus pantalones.

Paloma se levantó y caminó por la casa hasta llegar a su cuarto. Héctor andaba detrás de ella. Cuando llegaron a su cuarto Paloma se quitó el vestido que llevaba. Se quedó en ropa interior. Héctor se acercó y comenzó a besarla. <>- Pensó.

Se tumbaron en la cama, ella se subió encima de él y comenzó a hacer movimientos para provocarle. Él aún estaba vestido. No pensaba quitarse toda la ropa, jamás lo había hecho delante de nadie. 

- Quítate los pantalones

Se desabrochó la hebilla del cinturón y tiró de ellos.

- Ahora la camiseta

Héctor tragó saliva, la camiseta no. 

Ante la falta de acción Paloma le agarró la camiseta y quiso tirar de ella. Héctor la empujó como acto intuituvo. Paloma acabó en el suelo, impactada.

- Lo siento, yo...- No sabía cómo explicarlo.
- Vete

No hicieron falta más palabras, pero ¿Por qué siempre tenían que acabar así?


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