El amor es como un buen libro. Intenso, apasionante, adictivo, esperanzador...
Entramos en una librería y nos fijamos en un libro en especial por algún detalle pequeño, la portada, el formato, el título... Un mínimo detalle que enciende la curiosidad en tu interior y hace que te acerques a él. Lo mismo pasa con el amor.
Comenzamos a leer asumiendo que, si no nos engancha, dejaremos la lectura apartada en cualquier momento. Lo mismo pasa con el amor.
Pero si el libro nos gusta realmente, nos atrapa. El libro te engancha, hace que cada página sea un regalo. Pierdes la noción del tiempo, te sumerges en otro mundo.
Lo mismo pasa con el amor.
Sin embargo, por mucho que desees que la historia no tenga fin, una vez vas acercándote a los últimos capítulos empieza a recorrerte una sensación de tristeza. Sabes que en algún momento se terminará, y que todo habrá quedado en una historia bonita. Y no por ello dejas de pasar las páginas, sabes que has de llegar al final para poder cerrar el libro.
Lo mismo pasa con el amor.
Pero bueno, también están las sagas... Segundas y terceras partes... Que generalmente nunca superan al primer tomo. Historias interminables que, si no se saben llevar bien, pueden acabar desgastando al lector.
Lo mismo pasa en el amor.
Eso sí, no dejes de leer.
Hay que seguir leyendo sobre todas las cosas
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