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lunes, 16 de mayo de 2011

Expectativas

Como dicen los sociólogos, en la vida cada persona adopta una serie de roles. Cada rol tiene unas características propias y nadie tiene un único rol. Una persona puede ser padre, amigo, empleado, marido y cliente todo en un mismo día.

Lo asombroso de todo ello es que no actuamos como en una obra de teatro, no tenemos que pensar casi nunca cómo actuar porque lo llevamos implícito en nuestro comportamiento social: Un padre cuida, un amigo escucha, un empleado trabaja, un marido ama... Pero, ¿Es posible que siempre sea así, o es que vivimos en una sociedad fundamentada en las expectativas?

Cuando nos gusta alguien esperamos que suceda algo, que esa persona nos llame o se interese, y de una manera u otra establecemos las pautas de comportamiento que esa persona debería tener para llenarnos. Cuando discutimos con alguien que nos importa y creemos que tenemos la razón esperamos que esa persona nos muestre su arrepentimiento... esperamos la reacción perfecta de la persona perfecta en todos los roles posibles.

Tratándose de relaciones la cosa empeora aún más: esperamos que una persona adivine cuales son nuestras pautas perfectas para el rol en cuestión y las cumpla al pie de la letra. Esperamos la bondad absoluta de la otra persona, no cabe la posibilidad de que pensemos en la persona con la que deseamos compartir nuestra como alguien con maldad, que no haría cualquier cosa por nosotros.

No podemos o no queremos ver el lado humano, tendemos a esa absurda idealización que hace que no podamos comprender que todo es una mera expectativa. Y cuando nos damos cuenta nos sentimos decepcionados, abrumados. Pero, pensemos un momento en nosotros mismo y en todos los pensamientos malos y acciones egoístas que hemos realizado con la otra persona. ¿acaso no esperaba esa persona lo mismo de nosotros? ¿no somos una expectativa también? ¿Debemos actuar siendo nosotros mismos o está bien configurar unas pautas que respondan a las expectativas de los demás?.

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